Ganando premios como nadie más en Mallorca
Pasión por el experimento
Está acumulando premios como nadie en Mallorca: El manacorense Miquel Gelabert Fullana. En sólo cinco años, este viticultor ha acumulado más de 30 premios en las ferias internacionales de vinos. Sin contar los galardones concedidos por revistas monográficas o por la prestigiosa publicación alemana para gourmets "Der Feinschmecker". Todo empezó cuando Miquel Gelabert – "muy humildemente; no conocía a nadie" – en el 2001 presenta sus mostos por vez primera en el Salón Internacional del Vino en Madrid, causando ya de entrada una enorme sensación: Su chardonnay, cosecha 1999, fue elegido, a la primera, como el mejor vino blanco de todo el Salón.
Incluso este hombre, de palabra fácil, se quedó mudo de asombro. "Naturalmente, esto nos abrió muchísimas puertas", dice Miquel Gelabert, que empezó a plantar sus primeras vides a mitades de los 80, trabajando inicialmente junto con su hermano Toni Gelabert. Posteriormente se separaron. Miquel, cocinero de profesión, continuó cultivando vino como pasatiempo, pero el pan de cada día se lo ganaba con un restaurante de reconocida fama en Cala Millor. No fue hasta el 2000 en que se decidió a abandonar el restaurante para dedicarse plenamente a los vinos. Y ahora no hay quien le pare.
Cultiva el mayor número de variedades en la isla. Su lista la componen 35 variedades; todo un récord en Mallorca. No todas están homologadas por la Consellería de Agricultura, pero no le importa demasiado: Fogoneu, Gorgollassa, Giró Negre, Garnacha o Caladoc son ejemplos entre los tintos. Para los blancos confía mucho, entre otros, en el Jaumillo, Giró Blanc e, incluso, en el Viognier.
"Hay quien dice que estoy un poco loco", dice el viñador. "Pero no me importa. Todos los artistas que abren nuevos caminos suelen estar algo locos". ¿Se considera un artista? "No,", responde, "más bien un investigador que tiene que probarlo todo." Por supuesto que también tiene a los clásicos incorporados en su programa, como son el Cabernet Sauvignon, el Merlot, el Syrah, el Chardonnay ...
Entretanto los mallorquines que poseen viñas muy antiguas en sus tierras acuden a él para que les asesore sobre las variedades endémicas, casi olvidadas, como el Jaumillo o el Giró Negre. Hay que evitar que se extingan. Estos son los momentos en los que Gelabert se siente en su elemento. Le interesan especialmente las vides de 50 ó 60 años que, si bien dan poca uva, son de una gran calidad. Aunque también experimenta con uvas foráneas. Este mallorquín de 46 años fue el primero que plantó Riesling en la Isla. Si se trata de vinos, no da tregua. Viaja por España, Francia, Italia, Portugal ... De un viaje a Alemania se trajo la noble variedad de uva blanca, el Riesling.
De algunos de los vinos no produce más de una sola barrica. Y de determinadas variedades no planta más de 100 vides. Es capaz de guardar un Chardonnay en cuatro distintas barricas, francesas, americanas, del Cáucaso o de Hungría. Porque le encanta jugar con los sabores. "El vino que uno vende tiene que tener carácter y representar dignamente a la bodega", apunta el viticultor, convencido. "Tiene que sorprenderte y causarte una sensación duradera."
No le asiste ningún enólogo. Gelabert no sólo es autodidacta. Las decisiones le gusta tomarlas él solo. Prescinde de máquinas donde puede y prefiere la mano de obra. Dice, riéndose, que es la antítesis de la agricultura moderna.
Sus viñedos producen entre 30.000 y 35.000 botellas al año, según la cosecha. No compra uvas de fuera. Cultiva unas siete hectáreas de tierras propias y tiene otras dos arrendadas. La bodega Vins Miquel Gelabert ofrece vinos blancos, tintos y rosados, todos de ellos calificados con la denominación de origen Pla i Llevant.
¿Qué uva va a causar furor próximamente? "Pienso que la Gorgollassa es fantástica. Esperemos unos añitos, y ¡ja vorem!"
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