La empresa abrió sus puertas en 1996 con un comienzo clásico: sin una cartera de clientes ni de propiedades, había todas las razones para aprender rápido y sumergirse de lleno en el mundo inmobiliario, guiados desde el primer día por una ética sólida, una cultura de empresa claramente definida y el sincero deseo de marcar la diferencia. Con cinco idiomas entre ambos —inglés, alemán, español, francés e italiano—, dos mentes despiertas y mucho sentido común, los fundadores analizaron con detalle el comportamiento y las necesidades de los clientes, construyendo poco a poco y con paso firme lo que pronto se convertiría en un referente del sector inmobiliario en Mallorca.